Pregón del 2000

Manuel Martínez Blasco

Señor cura párroco, señor presidente del paso de la Caída, amigos cofrades y fieles de la parroquia de San José.


Me enorgullece –inundado de nostalgia- que hayáis pensado en mí como pregonero de vuestra cofradía. Tengo en la memoria aquella iluminada noche en la que mi hermano y yo, salíamos de niños en la procesión que presidía mi padre.

Todo se vivía entonces con impaciencia de chiquillo. El ir al barbero para los rizos, los caramelos, el traje de "alet", la cercanía de los encapuchados y, sobre todo, el tambor invocando a la muerte.

Vuestra cofradía era el milagro que transformaba durante la Semana Santa el barrio del Plá. La gente esperaba impaciente los días en que la calle Santa Ana –donde yo nací- recibiera el paso de la Caída del Señor. La empinada cuesta de la subida al puente de la Virgen, se cambiaba entonces a una especie de la calle de la Amargura, donde los costaleros tenían que pasar por el mismo sufrimiento de Cristo. Y allí se acumulaba la gente para notar ese temblor doloroso que transmitían a su paso los costaleros subiendo penosamente la rampa.

Y eras de ver cómo resplandecían las bombillas del trono, iluminando fachadas y rincones de esta original "vía sacra", que recibía el primer grupo escultórico con luz eléctrica. Un sueño pleno de fulgor que pasmaba al gentío, cual símbolo que nos traía el progreso. Estaba en la mente de todos. La Caída era para la gente del barrio como llevar, sus encendidas ilusiones, al corazón de la ciudad.

Por lo demás, la Caída siempre fue una cofradía responsable e imaginativa. Dos virtudes que yo considero han permanecido hasta nuestros días. Era responsable porque trabajaba seriamente en no confundir espectáculo con procesión religiosa. Sus hombres se consagraban a lo fundamental que era cruzar Elche, en la noche del Martes Santo, mostrando la dignidad de la Caída del Señor, bajo la buena fe del que cree en un cometido ejemplar. Así, más que espectáculo se buscaba el comportamiento de esos penitentes que se identifican con el dolor de Cristo. Era, por tanto, una procesión seria que se agigantaba, por estas razones, en la oscuridad de la noche.

Y era imaginativa porque cada año buscaba renovar algún detalle que cobrase relieve. Un año se trajo el estruendo sordo de los tambores; otro el estandarte, otro la luz eléctrica resplandeciente…

Igual sois vosotros: responsables e imaginativos. Os he visto crear el trono, poco a poco, sin que os invadiera el desánimo. Primero la soberbia talla del paso, salida de manos tocadas con gran pulso artístico; luego el dorado, hecho con pan de oro, logrado con desvelos; y finalmente las andas, capaces de recibir a muchos sufridores que soportan el peso, caminando en silencio. La vitalidad de la cual estáis dando muestras me advierten que habéis heredado aquella inconmensurable fuerza de la Caída presidida por mi padre. Y espero que este sueño ilusionado del cofrade de ayer sea renovado por los jóvenes de hoy. Porque la Semana Santa de Elche no puede entender son vosotros los de la Caída, que ponéis en las procesiones esa fuerza irreductible y tensa que os distingue entre todos.

Y ahora una recomendación. Nunca debéis olvidar que sois una Cofradía del Barrio del Plá. Formáis parte de una comunidad de gente sencilla que espera de vosotros la digna procesión que corresponde a los ciudadanos del Plá, un barrio de mucho peso en la tradición ilicitana de la Semana Santa. Por eso debéis abriros a estas gentes, integrando a los jóvenes de este entorno, invitándoles a que se animen a participar en vuestra Cofradía. Que sientan por ella el mismo amor que vosotros tenéis. De esta manera la continuidad de los cofrades estaría asegurada. Y más que nada integrada al lugar de donde surgió.

Repito y os digo que vosotros sois la esperanza de un futuro prometedor.

Sois la memoria de una Semana Santa que gracias a vosotros no acabó en cenizas y se mantiene eternamente.

Y sois la luz que viniendo desde el recuerdo de tiempos pasados exhala un manantial de vida porque seguís fieles a la tradición, pero acomodados a las exigencias actuales.

Esta es la consigna: Seguid así que el Cristo caído os lo premiará.