Señor cura, Señor Presidente de la cofradía, amigos cofrades, señoras y señores.
Confieso, por mi condición de arquitecto, que siempre me han atraído los espacios simbólicos, territorios con fuerte evocación de otro espacio ideal. Intentaba comprender en mis reflexiones, como la Jerusalén Celeste pronto se convirtió para la ciudad medieval en un modelo a imitar. Y dentro de este galopar por el simbolismo de los espacios urbanos me dejó especial impacto el trazado del Vía Crucis, es espacio espiritual de Jerusalén recorrido con definidas figuras, las cuales apagan sus pasos perdiéndonos en un conocimiento oscuro de las escenas.
El Vía Crucis representa por tanto para mí una peregrinación mística siguiendo la Vía Sacra de Jerusalén al compás de la Pasión de Cristo. La tradición de los vía crucis comienza a desarrollares en la edad media, cuando los Santos Lugares resultan imposibles de visitar. Quizá el primero, fuel el del convento de San Stefano de Bolonia donde se construyen varias capillas, representado las estaciones pasionarias, las cuales se conectan a través de una vía procesional. Durante los siglos XV y XVI, los Franciscanos impulsarán el sentido penitencial del Vía Crucis levantándolos al aire libre en los monte de sus conventos, y al propio tiempo los pasarán al interior de las iglesias con reproducciones en talla o pintura de los momentos mas singulares de la Pasión. Tal vez el de la catedral de Amberes sea quien mejor representa el modelo que sirvió de base para su difusión por centro-Europa, una vez fijadas por la iglesia Católica las catorce estaciones canónicas y las pertinentes oraciones para cada parada reverencial.
Recordemos que de estas catorce estaciones tres se refieren a las Caídas de Cristo, siendo la primera la de la calle de la Amargura, poco antes del encuentro con su Madre; la segunda, antes del enfrentamiento con las mujeres de Jerusalén; y la tercera, previa al acto del expolio, cuando ya en el Calvario le arrebataron sus vestiduras.
Si hemos de pensar en una representación icónica de la Caída, no cabe duda que el cuadro que mayor influencia tuvo en la imaginería religiosa española fue "la caída en el camino del Calvario" de Rafael Sanzio pintado en Roma hacia 1517. Se trata de un cuadro de grandes dimensiones, encargado al pintor por la Orden Benedictina para su convento de la "Madonna dello Apassimo" de Sicilia. Después de muchos avatares, fue adquirido para el monarca español Felipe IV a la sazón rey de Sicilia, siendo trasladado a Madrid a su Alcázar Real, encontrándose hoy día en el Museo del Prado. Esta excepcional pintura representa la escena principal de la caída, reforzada con muchos personajes. Jesucristo, el protagonista principal permanece de rodillas avanzando una mano para protegerse de la caída. Mientras tanto, el Cireneo trata de sujetas la Cruz mirando a dos sayones que increpan al caído para que se incorpore. Solo, al fondo de la comitiva, un soldado abanderado gira su cabeza para dominar el drama señalando aquel el lugar del Calvario donde se han levantado las tres cruces. Y queda el toque último para completar la escena. Junto a Jesucristo la Virgen María, acompañada por las santas mujeres, contempla traspuesta de dolor, el vencimiento de su hijo.
Pues bien, cuando Salzillo recibe en 1752 el encargo de ejecutar un Trono escenificando la Caída, recurre a esta pintura de Rafael. No duda en representar a Jesús Nazareno en la misma posición de caer y adelantar la mano, pero eso sí, simplifica la escenificación del cuadro dejándola reducida a muy pocos personajes. A Simón de Cirene ayudando a sostener la Cruz; a dos sayones, uno golpeando a Cristo y otro tirando de una cuerda que le tiene sujeto; y a un soldado romano curiosamente vestido con armadura renacentista, muy similar al figurado anacrónicamente en el cuadro de Rafael. Lo que sí ha desaparecido del trono murciano es la imagen de María, en esa exactitud de dolor infinito. No está la Madre con su voz ahogada, detrás del Hijo amado.
¿Y cómo se originó y con qué figuras cuenta nuestra Caída?. Dice la historia que en Elche hacia 1860 es cuando se forman las cofradías que hemos conocido en nuestra infancia y cuando se encargan también los tronos penitenciales. El de la Caída, como todos los demás, debió de ser ejecutado por escultores de la obra de Salzillo, activos en las diócesis de Murcia y Orihuela. Sabemos que en 1864 existe un gran enfrentamiento y que se le niega las nuevas imágenes, entre ellas la Caída, desfilar por el hecho de no haber sido bendecidas. El Obispo manda entonces a su maestro de ceremonias quien ordena al arcipreste consagrar los pasos y que la procesión se realicé el Viernes Santo según el orden en que se suceden las escenas de Pasión.
Tras el periodo de la guerra civil y la sistemática destrucción de imágenes un grupo de generosos industriales ilicitanos entre los que se encontraba mi abuelo, encargó la nueva Caída al artista murciano Sánchez Lozano. Así mismo se procedió a arreglar las capillas del vía crucis exterior de este convento franciscano, dejándose al pie de cada hornacina un esmalte con el nombre del donante y quedando desde entonces la Caída vinculada a mi abuelo Tomas Martínez Soler. Así que hoy -quiero decirlo- puedo estar orgulloso de que su nombre no quede ante vosotros en el olvido.
Miembros de la Caída: mucho y para bien, han cambiado la Semana Santa Ilicitana en los últimos tiempos. Vosotros habéis ejecutado un magnifico trono y ahora, en un imparable gesto de amor a la Cofradía, habéis traído la Virgen al encuentro del Hijo, tal y como figuraba en la hermosa pintura de Rafael. Con esto llegan a fundirse dos unísimas vidas: Cristo y María. Los personajes del Drama se completan. Por eso os digo que vuestra corazonada ha dado en la diana del acierto.
Podéis estar contentos porque estrenáis nueva imagen. No es para menos. La Virgen del Rosario que aquí en al iglesia de San José pasará a la veneración del pueblo va a ser desde hoy el mensaje de ternura, el bálsamo que faltaba al Vía Crucis de la Caída. Ello me obliga a acabar con una sincera felicitación. ¡Enhorabuena a toda la Cofradía!. ¡Enhorabuena por seguir avanzando en vuestra eficaz tarea!.