Reverendo Sr. Vicario Episcopal.
Señor presidente de la Cofradía de la Caída de Nuestro Padre Jesús y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos.
Estimados miembros de la Junta de Gobierno, cofrades y penitentes.
En primer lugar les hago llegar mi agradecimiento al confiar en mi persona la tarea de realizar este año el Pregón de vuestra Cofradía.
Cuando me fue comunicada la invitación a realizar este pregón, he de reconocer que me asaltaron varias sensaciones: en primer lugar respeto ante el compromiso adquirido, por otra parte ilusión por realizar un pregón sencillo y ameno, a la vez que intenso y profundo y por último satisfacción como ilicitano amante de nuestro pueblo y nuestras tradiciones.
Multitud de recuerdos de mi infancia vinieron a mi memoria nada más comenzar a esbozar estas letras. Mi pensamiento se trasladaba al Martes Santo, que en Elche es el día de la "Caigua", salida de esta parroquia de San José, un carrer Santa Ana repleto, multitud de público esperando ver pasar al Señor del Martes Santo ilicitano, largas hileras de penitentes vestidos de grana y negro, el encuentro en la Plaza de Baix con la Santa Mujer Verónica y un sonido inconfundible de sus tambores.
Según la Real Academia Española de la Lengua, pregonero es aquel que, de viva voz. proclama y anuncia un suceso que va a acontecer en breve y es de público interés.
Pregonar la Semana Santa es anunciar que Cristo ha muerto y resucitado por todos nosotros, por los hombres y la mujeres de todos los tiempos: por ti y por mi.
Es anunciaros que, como cada primavera desde el año 1864, Nuestro Padre Jesús de la Caída volverá a recorrer las calles de nuestra ciudad, cargando con el pesado madero en forma de cruz. Como cada año le acompañará Simón de Cirene, presto y dispuesto a ayudarle, sin miedo, sin prejuicios, fiel a su Señor, así como saldrá a su encuentro la Verónica, valiente y decidida a socorrer a Jesús Caído por el dolor, la humillación y la cercanía de la muerte. Cogiendo Simón la Cruz y secando la faz herida la Verónica, le ayudarán a soportar la pesada carga.
Como cofrades y penitentes de la Caída un año más queremos seguir los pasos de Jesucristo en su Pasión, en su camino al Gólgota. La calle Santa Ana este año se convertirá en calle de la Amargura, poco a poco, muy lentamente ascenderá Nuestro Padre Jesús de la Caída, sobre los hombros entregados de sus costaleros. Al llegar a la Plaça del Pont tiene lugar la Primera Caída: Jesús está terriblemente cansado, debilitado por los azotes recibidos. Hay un momento en que la cruz se hace insoportable, por eso Jesús se tambalea y cae. Quiso el Señor experimentar la debilidad humana. Hoy son tantas las personas que caen por el peso de la vida. Todos caemos muchas, muchas veces. ¿Te acuerdas cual fue tu primera caída? Una enfermedad, un problema familiar, un fracaso, la pérdida de un ser querido ¿tardaste mucho en levantarte?
Cuando tú caigas contempla a Nuestro Padre Jesús Caído. Cuando el hermano caiga, acércate como a Jesús y como Jesús. En nuestros días son muchos los caídos que necesitan tu mirada y tu cercanía y ser cofrade de la Caída nos compromete a estar atentos a las caídas de tanta gente. Incluso en nuestra familia, en nuestro barrio, en la calle, en el asilo, en el hospital, en nuestro lugar de trabajo... ¿quién les tenderá la mano para que se levanten?
Sobre el magnifico trono realizado por Guzmán Bejarano, tres personajes acompañan a Jesús, un soldado romano que contempla impasible la Caída de Cristo, un judío que lo sujeta con una cuerda, y Simón de Cirene que ayudó a Jesús a llevar su Cruz. El de Cirene ayudó a Jesús en un momento de gran debilidad. Hoy también Cristo necesita ser ayudado en todos los que caminan fatigosamente por los duros caminos de la vida: ¿no te has encontrado con ninguno? ¿no conoces a personas sobrecargadas, dobladas por el enorme peso de una cruz en su vida? ¿no has sentido la llamada que sintió Simón el Cirineo? Él empezó a ayudar un poco obligado, pero enseguida se sintió gratificado. En verdad recibía más ayuda de la que restaba. Cada vez que veas a alguien con una cruz sobre sus hombros piensa que puede ser Cristo.
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos conmigo lo hicisteis". (Mateo 25). No podemos quedarnos expectantes como el soldado romano, y mucho menos facilitar la caída como el judío, los cofrades de la Caída, los seguidores de Jesucristo, estamos llamados a ser Cirineos.
Tras esta primera caída, Jesús vuelve a emprender su camino casi sin fuerzas, prácticamente es el Cirineo quien le va llevando, a la llegada a la Plaza de Baix, a pesar de ser ayudado, quizá por un mal paso, o alguien lo empujó, Cristo vuelve a caer. Sólo una mujer, decidida y valiente, rompiendo todas las barreras se acerca a Jesús, dispuesta a ofrecerle algún alivio, y movida por tierna compasión enjuga con un lienzo el rostro de Cristo. Se entrecruzan las miradas: la Verónica mira a Jesús Caído con compasión; del rostro del Señor brota una mirada de agradecida hacia ella. La Verónica, es para todos nosotros, modelo de servicio y solidaridad.
El tiempo en que vivimos no es más dado a la compasión, a sentir con el otro, a acompañar el dolor del que sufre. Hoy se nos invita más bien a disfrutarlo todo, a tenerlo todo, a exprimirlo todo, a no implicarnos por nadie y ser cada uno el protagonista y consumidor de su propia historia y la de los suyos. Hemos de ser capaces, como Verónica, de experimentar la compasión, ser capaces de sentir con el hermano que sufre, de acompañar su vida, de contribuir a que esta sea más digna y humana.
Tras esta segunda caída, de nuevo, prosigue hacia el Calvario. El camino se acorta. La meta próxima, el final cercano, pero nuevamente tu rostro toca el suelo, y vuelves a besarlo. Ahora no te puedes levantar, y nadie se acerca. Te insultan, te golean, te hieren, respiras... Y vuelves a intentarlo. De pronto, la que siempre estuvo a ti lado, María Santísima del Rosario en sus misterios dolorosos, en silencio ha seguido tus pasos desde el principio.
No se ha apartado de tu lado ni un solo instante desde que comenzaste tu camino allá en el Barrio del Pla, en todo momento ha ido contemplando en su Corazón todos los momentos de la Pasión: Getsemaní, la cruel flagelación, la humillación al ser coronado de espinas entre burlas de los malhechores. Durante todo el recorrido Ella ha ido desgranando estos misterios dolorosos, y ahora frente a ti, destrozada de dolor con el corazón atravesado vuelve como en tu niñez a darte impulso y ánimo ¿Cómo consolarte Madre? ¿Cómo aliviarte este dolor? El anciano Simeón ya te había anunciado: "una espada te atravesará el alma". Aun así sufres. Eres en su pasión Com-Pasión que le ama y le levanta. A la llegada, frente a la puerta de Santa María, te sitúas frente a tu Hijo Caído, Ella camina silenciosa y contemplativa a su encuentro. Mientras todos huyeron, Ella se quedó con su Hijo. María se sentía interiormente desecha, pero estaba junto a El serena y fuerte, contemplando la vida de Jesucristo. Lágrimas resbalaban suavemente por el rostro de la Madre. María no se ha separado ni un solo instante de la cruz, Ella no se separa ni un solo instante de las cruz de ninguno de sus hijos: la Pasión y muerte de Jesucristo se prolonga indefinidamente.
No hay sólo cinco misterios dolorosos, son incontables. Incontables las estampas de GETSEMANÍ, las negaciones, las traiciones, los fracasos, los prendimientos y humillaciones, las bofetadas, los insultos y los los silencios, los azotes y las espinas, los clavos y las heridas, el abandono y las muertes injustas.
El Camino de la Cruz no ha terminado, Jesús lo sigue recorriendo entre nosotros, y sus estaciones son innumerables. Jesús camina con la cruz del hambriento y del excluido, con la cruz del torturado y el refugiado, con la cruz del enfermo y el deficiente, con la cruz del parado y del fracasado, con la cruz del anciano y el que está sólo. En todas estas Caídas Cristo sigue sufriendo y confortando a cuantos sufren.
Nosotros cada vez que veamos a un nuevo Cristo con la cruz a cuestas, acerquémonos a él con la misma compasión y devoción, con la misma generosidad y valentía que lo haríamos con Nuestro Padre Jesús de la Caída. Pero si algún día en tu vida te toca llevar la Cruz, piensa que n vas sólo, que María Santísima del Rosario te acompaña, y sobre todo, que Cristo está sufriendo contigo.
LAs procesiones de Semana Santa han de ser ara todos nosotros un aldabonazo, que cada año resuene en nuestra ciudad, para convocarnos a la tarea de trabajar con ahínco para liberar de su dolor y su miseria a todos los que lo necesitan.
Desde 1864, año de fundación de la Cofradía, son 142 años, haciéndonos revivir en nuestras calles las Tres Caídas de Cristo. La evolución en los últimos años de la cofradía, da muestra de vuestro esfuerzo, de vuestro buen hacer, de vuestra ilusión y vuestro sacrificio y entrega para dignificar nuestra Semana Santa.
Este año ofrecéis a María Santísima del Rosario un palio, que la arropará por la Vía dolorosa acompañando a su Hijo Caído, como hijos todos nos parece poco para nuestra Madre. Cuando la acompañemos, Ella un año más nos evocará a tantas madres que sufren la angustia de sus hijos, la pobreza, la enfermedad, la desesperanza. María Santísima del Rosario camina con ellas, ama y llora con ellas. Con todas ellas está María, la Maredeu, con todas ellas espera María Santísima del Rosario, frente a toda esperanza.
Un año, al finalizar la procesión de viernes santo en Santa María, un niño. emocionado acercándose a abrazar a su padre, mientras él se despojaba de su vesta de cofrade le decía: "Bueno, esto se acabó, hasta el año que viene si Dios quiere". Y en mi interior me dieron ganas de acercarme a decirle: ¡como que se acabó! ¡lo vamos a dejara a mitad, vamos a mutilar la Semana Santa!. No anunciamos sólo la Cruz, el Dolor, la Muerte, sino la Luz, la Vida, la Esperanza. Porque lo que realmente importa, lo que anunciamos a viva voz en nuestra Semana Santa, es que en la noche del sábado santo, hay una luz que brilla en la oscuridad, es la Luz de Cristo Resucitado. Cuando nuestras imágenes titulares vuelvan a la parroquia no habrá acabado todo. En la vigilia pascual celebraremos que Nuestro Padre Jesús de la Caída no ha muerto, sino que vive. Es el mensaje que aquellas primeras mujeres proclamaron así a lo largo de la historia infinidad de testigos que con su vida nos hablan de que el sufrimiento, la injusticia, la violencia, la muerte,no tiene la última palabra.
Así pues, termino cumpliendo mi tarea de pregonero y os convoco a tener todo a punto: costaleros y costaleras, alets, tambores, cofrades, penitentes y camareras, os animo que sigaís cuidando con tanto amor todo aquello que os legaron los que os precedieron en vuestra tares.Se acerca el momento para el que venís trabajando durante todo un año, ya todos esperamos la hora de trasladar a nuestra sede las imágenes de Nuestro Padre Jesús y la Santísima Virgen. Allí el lunes santo cerca de la medianoche nos reuniremos y aguardaremos el toque de silencio de la trompeta, que nos anunciará que ya está aquí nuestro día grande, y veremos abrir las puertas de nuestra casa y ver aparecer sobre los tronos iluminados por los cirios recién encendidos a Nuestro Padre Jesús de la Caída y a María Santísima del Rosario en sus Misterios dolorosos. A media tarde, acompañaremos al Señor Caído a su parroquia, tras hacer parada en el asilo de ancianos.
Un años más nos volveremos a emocionar al verlo salir de San José sobre su magnifico trono dorado y al oír ese sonido del tambor que no llama cada año a revivir su Pasión y Muerte: "Jo, jo l´he vist pasar carregat en una creu".