El convento franciscano de San José, habitado por franciscanos, se funda en 1561 sobre una ermita del mismo titular a la derecha del río Vinalopó, en el mismo sitio que actualmente ocupa convertido en parroquia y hospital municipal aunque el edificio actual es de 1678. Este convento siempre estuvo escaso de recursos económicos en parte, por causa de su aislamiento de la ciudad puesto que el puente de Santa Teresa no se construyó hasta el siglo XVIII.

La iglesia del convento de la orden franciscana fue bendecida en 1562. La primera restauración del edifico fue en 1678. Más tarde, en 1841 fue convertido en casa hospital de beneficencia y en 1887 se instaló en la planta baja un asilo para ancianos hasta 1919 que se trasladó a su actual lugar, a muy pocos metros de la iglesia. La fundación del convento junto al anuncio en 1673 de la construcción de un puente (puente de Santa Teresa) propicia el asentamiento de un nuevo barrio (el Raval del Plá de San José) inexistente al otro lado del río en aquel entonces.

Situado a extramuros de la ciudad, el convento de San José es una típica edificación alcantarina de mediados del siglo XVII, de la que tan solo se ha conservado un pequeño claustro, muy sencillo, de arcadas de piedras con bóvedas y muros que han perdido la mayor parte de su decoración pintada y cuyo principal interés reside en la iglesia.

La iglesia, cuya concepción espacial es típica del XVII en el predominio de la horizontal, es una más de las derivadas del Gesú: una sola nave de cuatro tramos, crucero señalado en plata por interrupción de las capillas y presbiterio recto. Toda hoy enfoscada en yeso y recuadrada en azulete, excepción hecha del presbiterio y del crucero y de la que Hernández Guardiola sostiene hubo de estar pintada también la nave. No obstante, lo que singulariza a este edificio es su decoración interior.

La iglesia de San José es una de las pocas diócesis que conserva su vestido original. Su decoración abarca dos grandes periodos: uno correspondiente a las últimas décadas del XVII y otro al primer cuarto del XVIII. La más antigua abarcaría en gran retablo mayor, que I. Vidal supone realizado entre 1670 y 1700, con estructura muy tradicional y sitúa en la órbita de Antonio Caro y del que el autor primero, al analizar las pinturas, no consigue filiarlas, pero las pone con muchas reservas en la orbita de Cristóbal García de Salmerón, excepción hecha de la Sagrada Familia que lo corona, de evidente mano distinta, que le recuerda a Sánchez Cotán.

También forman parte de este primer ciclo los retablos del crucero (de la Purísima y de San Vicente de Paul), que I. Vidal sitúa de nuevo en las proximidades de Antonio Caro o de José Artigues y en fechas cercanas al retablo mayor y de cuyas pinturas, Hernández no da filiación clara.

Por último, cierra el grupo las pinturas del presbiterio (la gloria de San Francisco), las de la bóveda vaída del tramo central del crucero (el titular de la iglesia: San José) y las de las pechinas: la Virgen con el niño que sostiene una pera, San Joaquín y Santa Ana, San Juan Bautista y San Pedro, y las de los tramos laterales del crucero: San Antonio y San buenaventura, todas ellas de autor desconocido pero en la línea estética de Bartolomé Albert.

El segundo ciclo, correspondiente al Siglo XVIII, se inicia con la primera capilla del lado del Evangelio, bajo la advocación de San Pedro de Alcalá, en cuyo retablo figura un lienzo pintado por Francisco Pallarés en 1657. Toda ella parece cubierto de pinturas al fresco con escenas alusivas a la vida del santo de autor desconocido, cuyos elementos decorativos permiten cifrar su realización entre 1725 y 1745.

La correspondiente al tramo del lado de Epístola, dedicada a San Pascual Bailón, posee un retablo que para I. Vidal se halla en la órbita del mayor y los del crucero, es decir, entre 1678 y 1690, y una decoración pictórica de idénticas características a la anterior con escenas de San Pascual. La ultima capilla pintada es la de San Diego de Alcalá, también anónima pero fechada en uno de los pilares de acceso, en 1745. Asimismo, son de destacar el retablo de la segunda capilla del muro Epístola, decorada en 1724, que I. Vidal supone obra de un seguidor de Juan Bautista Borja o de Artigues, y de la paralela del Evangelio, cuya cartela la cifra en 1729 y cuyo retablo pone la autora citada en relación con José Artigues.

En la actualidad, la iglesia de San José es de propiedad municipal con el exclusivo uso de servicios eclesiásticos. Además de la cofradía de La Caída, es sede canónica de otras cofradías importantes de nuestra ciudad como es la Hermandad del Santo Sepulcro y la Cofradía del Stmo. Cristo de Zalamea, donde esta querida y admirada imagen se venera en lo que era la portería del antiguo hospital, en el mismo edificio. Recalcar que la Iglesia de San José junto con su barrio colindante (Plá de San José) ha sabido conservar a lo largo de los siglos festividades y celebraciones tradicionales de Elche como la festividad de San Pascual Bailón, Patriarca San José o la Milagrosa.


Fuente: Elche, una mirada histórica. Historia de Elche.